Familia

Yo mi propio cómplice

Yo mi propio cómplice “Antes morir que pecar”
Norma Barba

Mucho se dice que cada uno somos el juez más duro de nosotros mismos, pero paradójicamente la realidad nos refleja que antes que juez somos cómplices de nuestras propia bajeza. Reconocer esta auto complicidad es un acto de humildad indispensable para una constante conversión, al mismo tiempo que un reconocimiento a nuestra propia naturaleza. por ello no es justificable, pero sí entendible.

¿Cómo romper con esta complicidad?

Lo primero qué hay que reconocer es que necesitamos de nosotros mismos para actuar u omitir lo que pase en nuestra vida. Es decir somos nosotros nuestra propia responsabilidad. Y segundo, que todos conocemos lo que es bueno y malo desde siempre, pues está impresa en el alma de manera indeleble tanto para creyentes o no pues responde a la ley natural, es decir aquello de lo que el hombre esta hecho y para lo que fue diseñado: materia y espíritu de amor y para amar.

Esto incluye al ser humano en su unidad indisoluble. Por tanto, esta ley natural implica lo biológico y lo ético como una solo cosa, es así que el ser humano caminar con los pies y no con las manos, no solo porque es posible físicamente, sino porque hacerlo así le permite

Sin embargo, hoy la ciencia nos engaña al afirmar que todo lo que sea posible materialmente hablando es moralmente bueno y nada está mas alejado de la realidad.

Hoy es posible gestar embriones híbridos entre humanos y animales con supervivencia de hasta la tercera semana; hacer bebés en vasos de vidrio, mutilar e implantar genitales para tener una apariencia del sexo opuesto al biológico, etc.

Si aceptamos estos dos primeros criterios, será más sencillo entender los tres restantes para convertimos en cómplices de nosotros mismos en el pecado y el delito.

1.- El mal ofrece un aparente satisfactor inmediato y temporal que lo hace atractivo. Por ello es seductor y cuesta renunciar a él aunque se tenga claridad del daño que genera.

Es decir se consume grandes cantidades de azúcar aunque sea diabético, genere obesidad o presión arterial elevada. Se habla mucho aunque se digan mentiras para convertirse en el centro de la reunión, se difama, secuestro o mata porque estorban a los intereses particulares o se obtiene dinero de ello.

2.- El hombre es más más vulnerables ante este aparente satisfactor que ofrece el mal debido al el pecado original. Como una consecuencia de una mala decisión.

Y que como Eva y Adán fueron cómplices de sí y entre sí de su desobedece a Dios, hicieron aquello que era y sabían era malo:comer del fruto de un árbol entre muchos del edén.

3.- Se decide hacer el mal directa o indirectamente.

Decía Leonardo da Vinci que “el no castiga el mal ordena que se haga”, sino se subordina la voluntad y las emociones al bien , están terminarán por no encontrar el límite del mal.

Es la verdad, la fuerza de voluntad y el amor a Jesucristo lo que nos invita a no ser cómplices de nosotros mismo, a denunciarnos cuando caemos en el o cesionario y a mantenernos en la lucha hasta el fin de nuestros días.

Es en la intimidad espiritual o física que el ser humano enfrenta una batalla entre lo bueno y lo malo, y es precisamente en esa intimidad donde la conciencia nos dicta y reclama lo qué hay que hacer en cada caso.

Antes de consentir, minimizar o justificar el mal, convirtiéndonos en el propio cómplice en el pecado, debemos decir como Santo Domingo Savio: “ Antes morir que pecar”.

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